lunes, 28 de abril de 2014

Anoche te lloré.
Sí, así es. Te lloré.
Lloré tus cartas, tus besos, los boletos de camión
y tu disfraz de rey mago.
Lloré las risas y las mordidas.
Lloré los años, los largos que eran los días a distancia.
Te lloré los sueños,
te lloré los planes que no fueron,
te lloré las peleas estúpidas,
te lloré lo aprendido y lo engañado.
Anoche se me cayeron de los ojos
todas las esperanzas de volver, de que se cumpliera al fin el vivirnos.
Se me fueron saliendo uno a uno todos los nudos de la garganta,
Todos los reclamos, todas las ganas y los sinsabores
que me dejó esa última visita,
ese último beso y esas ganas de pedirte que no te casaras.

Y después de sufrirte y llorarte toda la noche,
me imaginé interrumpiendo con el clásico "yo me opongo".
Y luego tú jamás estuviste ahí
y amanecías en mi cama y era un mal sueño,
y los planes y las risas y los viajes a tu lado seguían.

(...)
Contigo aún no puedo quitar los puntos suspensivos.
Sólo espero que llegue un amor más grande que arrase contigo
y con tu recuerdo. Que borre cualquier señal de que cruzaste mi vida,
así como tú ya pronto desvaneciste mi pulso de tu corazón.
Tira el cuarto amueblado,
rompe ese lugar que me guardas, arráncame a cachos de ahí
que ahora ella pertenece, como yo ya jamás...

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